Hablando Con Ubu

Esa noche en serio pensé que nada iba a pasar. Yo estaba bastante cansado, ya pronto pensaba dormirme. Zuri estaba en la casa, estábamos viendo una película. No habíamos cenado, ya sabés que ella tiene una habilidad para vivir con poca comida, y yo no tenía hambre, pero eventualmente me preguntó si había cereal. Le dije que sí y me levanté a servírselo, para caminar y despejarme un poco, vos sabés, que si no me quedaba dormido en el sofá a media película y después quién me llevaba a mi cama.

Así que salgo del cuarto, entro a la cocina, estoy sirviendo la leche en la taza con el cereal y de repente veo a la Betta caminar rápidamente frente a la puerta de la cocina. Pensé que iba al baño pero me extrañó mucho que se haya dirigido con tanta prisa. No le puse mucha mente, sólo escuché que mencionó algo en alemán a Zuri. Termino de servir la leche, la guardo en el refrigerador y en eso pasa de nuevo frente a la puerta, seguida por Zuri. Esta vez sí presté atención, porque Gwandoya estaba ahí en el cuarto con ella, qué carajos tenía que ir a hacer Zuri con ellos dos. Salgo de la cocina con el cereal en la mano, me asomo hacia el cuarto de la Betta, y me encuentro frente a una escena tan bizarra: Betta de pie, mordiéndose las unas, viendo a Zuri arrodillada frente al cuerpo aparentemente inconsciente de Gwandoya, quien estaba boca abajo en el suelo con una almohada sobre su cabeza, en una posición similar a la que uno tomaría si estuviese por explotar una bomba en la calle de enfrente o el edificio vecino.

Creo que en ese instante lancé un “ihh” sordo porque la Betta se volteó hacia mí. Se me acercó y me dijo casi en susurros que lo sentía mucho por incomodarnos, pero que necesitaba ayuda para tranquilizar a Gwandoya, hubo un gran estruendo y se asustó y le dio uno de sus ataques y no sabía qué hacer y si en diez minutos no recobraba conciencia iba a llamar al doctor de emergencia porque le confesó que hoy no se había tomado su medicina y quién sabe si hoy era la primera vez que no se la tomaba porque de pequeño aprendió que las pastillas son veneno para el cerebro y el que las toma es porque se quiere desconectar de la naturaleza y pierde la habilidad de hablar con los muertos y él ha visto gente en su pueblo que habla con los muertos y él quería poder hablar con su familia algún día y por eso se rehusaba a tomar las pastillas en un principio pero el doctor le dijo que es la única manera de controlar las explosiones.

Yo no entendía nada, no entendía absolutamente nada. ¿Qué me estaba diciendo? La escuchaba hablar y mientras tanto pensaba no, por favor no, por qué tiene que estar pasando esto ahorita, estoy muy fatigado espiritualmente como aguantar otra historia tan fuerte, sólo quería servirle cereal a Zuri y dormirme, lidiar con un aparente loco no era parte de mis planes de la noche. Osea, ¿me entendés? Sólo quiero tranquilidad por esta noche en mi casa, ¿se molestará si dejo a Zuri que resuelva todo y yo me encierro en el cuarto? Y la historia, o más bien la retahíla que me lanzó, no era nada coherente para mí. ¿Pastillas? ¿Veneno? ¿Estamos hablando de éxtasis o de Panadol? ¿De Rivotril? ¿De qué putas? ¿Pastillas para controlar explosiones? ¿Qué explosiones? ¿Algún problema estomacal severo? ¿Por eso estaba boca abajo en el suelo? Y los muertos, eso sí ya no lograba explicarlo, que quería hablar con muertos, que quería hablar con su familia, ¿la familia estaba muerta? ¿O es que extrañaba a su familia? Asumí que se trataban de pastillas para la depresión y que podía ser un ataque depresivo, pero según yo la gente no se desmaya con esos ataques, o pues tal vez no estaba desmayado del todo. Cuando la Betta terminó de hablar le dije, esperate un momento, no entiendo nada, me tenés que explicar.

Entonces me toma del brazo y me lleva a la cocina para explicarme sin que nos escuchen Gwando ni Zuri. Entramos, agarra un vaso de agua, se lo lleva a la Zuri, Zuri le dice tranquila que yo lo calmo o algo así, y regresa a la cocina. Me dice, “mirá, Fran, ¿recordás aquella vez que me preguntaste si Gwandoya era mayor que yo, que te dije que tenía veintiún años y no me creías? ¿Te acordás que te dije que ha vivido mucho?” Y yo pensé jueputa, no me digás que él también tiene un pasado de guerra, no puede ser, respiré y me concentré en escuchar atentamente. Y comenzó con el cuento. Yo pensaba que había venido a, no sé, a vivir con algunos tíos o primos o hermanos, y empezó a aprender alemán para poder empezar su técnico como electricista lo más pronto posible, y que todo tranquilo, vos sabés, pero no, por supuesto que no puede ser tan sencillo, cómo se me ocurre. Su familia no existe. Toda su familia fue asesinada en la guerra. Toda. Él vino hasta acá como refugiado en un viaje que tardó años. Osea, yo estaba a mis diecisiete, dieciocho años en mi cuarto, tranquilo, cómodo, tal vez pensando que la vida era una mierda porque mi papá es un puto alcohólico, tal vez echado con mi novia, qué sé yo, y al mismo tiempo Gwando estaba corriendo por su vida, solo, completamente solo en este planeta de siete billones de personas, buscando a como fuese posible llegar a un país donde no podría ni siquiera preguntar dónde queda el baño, a ver si le otorgaban permiso para vivir finalmente seguro. ¿Cuánto lleva acá, un año, año y medio? ¿Habrá tenido diecinueve cuando llegó? ¿Y yo qué estaba haciendo a mis diecinueve, quejándome de la clase de la universidad que estaba aburridísima? Me entendés, es que puta, es increíble, cómo pasan estas cosas. No sé cómo lo ves vos, pero estas son cosas que nosotros, pues yo al menos, porque no puedo hablar por toda la gente de mi país, que yo solamente veo en películas si acaso, y creo que jamás me he topado con una película que tenga una historia tan cruda, tan salvaje, tan deshumanizante. Creo que desde esa noche no he vuelto a ver a Gwando con los mismos ojos, cada vez que lo veo no pienso, ¿por qué se ve tan viejo? Si no, ¿cómo puede la vida golpear a un ser humano tanto, con tanta fuerza, tan seguido? El hombre está hecho mierda psicológicamente, y ¿qué ha hecho él para merecerse eso? Por favor, decime, Ubu, quiero intentar encontrar una explicación para todo su sufrimiento, pero lo único que encuentro es un nudo en mi garganta y cierta repulsión hacia la vida. Me incomoda saber que cada vez que lo veo desde que sé parte de su historia se me parte el alma, y ya has visto cómo se ha ido reduciendo mi alma desde que vivo acá, me da miedo terminar siendo algún día un simple saco de carne y huesos sin esencia. Es horrible, ¿no te parece? Y lo peor de todo es que eso es apenas una parte. Yo no me sé muchos detalles, pero naturalmente tuvo que haber pasado algo durante los dos, tres, cuatro años que duró su viaje hasta Berlín. Eso pasó hace como tres semanas, y anteayer o hace tres días estaba platicando así tranquilo con la Betta de no me acuerdo qué cosa cuando llegamos a hablar del tema de refugiados y la gran jornada, etc. Y ahí me reveló que Gwando pasó por Turquía y Siria, o uno de los dos países, me confundí un poco cuando me estaba contando el cuento, y estuvo ahí un buen tiempo antes de poder llegar a Grecia, donde también se mantuvo un buen rato. Entonces le pregunté cómo le hacía para sobrevivir sin conocidos y sin siquiera poder hablar griego, turco, árabe o cual sea la lengua que necesitaba usar, porque una vez le pregunté yo mismo a Gwando qué idiomas hablaba y me mencionó que francés, una lengua local y el alemán machacado con el que se comunica con la Betta, dijo que no hablaba inglés. Y resulta que el tipo me escondió cierta parte de la verdad, osea es cierto que no habla inglés pero la Betta me confesó que aprendió a hablar griego hasta cierto punto y también turco, o árabe, o el que sea, para poder hacerse de las suyas mientras estuvo en esos países. Claro que me dijo que hiciera de cuenticaso como que no sabía eso yo y que nunca se lo preguntase directamente a él, porque son episodios de su vida que no le gusta recordar.

¿Estás claro, Ubu? Estamos hablando de un tipo sumamente inteligente. Sí, es cierto que se vio obligado a aprender a comunicarse para poder sobrevivir, pero seamos sinceros, no es cualquiera el que puede aprender idiomas, ya ves cómo me ha costado aprender el jodido alemán a mí, por ejemplo. Yo siento que tenés que ser bastante inteligente como para poder hablar tantas lenguas, ya con esa son cinco, y cinco idiomas bastante diferentes entre sí, y quién sabe qué otro idioma sabe que no me han contado aún, o cuántos dialectos regionales dominaba antes de venirse. Puta, Ubu, es que, ¿no te da cólera? Una persona tan inteligente, que no ha hecho nada para merecerse semejante sufrimiento, que podría tener un potencial intelectual enorme, pero que nunca va a ser explotado porque quién sabe qué horrores habrá vivido en esos países, o más bien en ese gran viaje entero como para desear borrarlo de su memoria completamente, y peor aún, porque alguien, o algo, decidió que esta persona debe ser tratado como un inservible pedazo de mierda a lo largo de su vida, ¡por ninguna razón aparente! ¡Puta! Me da tanta rabia y tanta tristeza a la vez… A eso hay que sumarle que es negro, que tiene que aguantarse el racismo del atajo de imbéciles racistas e ignorantes que plagan este mundo, y de los cuales tantos están surgiendo últimamente con esta crisis migratoria. No puedo, Ubu, a veces no puedo con mis propios sentimientos, son como bombas explotando en mi cabeza, no como las que oye el pobre Gwando, pero que me van carcomiendo lentamente por dentro. Me desgasto emocionalmente con todas estas historias, ¿será que no soy lo suficientemente fuerte para escucharlas? Quisiera pensar que sí, pero, no sé, Ubu, no sé. Lo peor de todo es que sólo estoy escuchando, soy un mero testigo parcial, no soy partícipe de esas historias, y me pregunto si algún día me va a tocar vivir algo similar, y si voy a poder salir adelante de eso y seguir querer viviendo, como Gwando, o como Zuri. De verdad que no entiendo cómo pueden con sus vidas, los respeto tanto. Me pregunto si, de la misma manera que siento que voy perdiendo mi alma pedacito por pedacito con cada nueva historia, habrán ellos perdido gran parte de la suya con sus experiencias. Pero no me atrevo a preguntar.

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